10 de agosto de 2012

Darren Valgayar



Nacido en el seno de una una humilde caravana de mercaderes, Darren se crió en las calles más pobres de la ciudad de Robleda, haciendo las veces de recadero y ayudante en la herrería de su padre. Si bien este, por razones que tardaría en entender, nunca llegó a quererle, Darren estaba fuertemente unido a su madre y a su tío, hermano de esta, miembro de la guardia de Robleda, amigo e instructor del muchacho. Desde muy joven, Darren tuvo claro que su futuro estaba lejos de la herrería. Lejos de la fragua y el martillo. Lejos del maltrato y el odio de su padre... Contando con apenas diez años, manejaba el acero como ningún joven de la ciudad, y al cumplir los dieciséis, su tío lo alistaría en la el cuerpo de guardia de Robleda, donde no tardaría en llamar la atención a sus superiores. Al cumplir los veinte, Darren recibió la irrechazable oferta de ascenso y traslado a la capital, Marvalar, donde pasaría a ocupar uno de los cuatro cargos de capitán de la guardia. Henchido de orgullo y ambición, Darren acudió a su antiguo hogar, buscando dar la gran noticia a su madre, pero lo que allí encontró cambiaría su vida para siempre; a su madre apalizada, tendida en el suelo, inmovil... En una de sus frecuentes borracheras, la mayor que Darren recordaba, su padre había dejado a su madre al borde de la muerte. Movido por la ira y el odio acumulado por los años de maltratos, se lanzó sobre su padre clamando venganza. Tan salvaje fue la represalia que a punto estuvo de matarlo... Pero Golcan, su tío, intervino justo a tiempo para detenerle.

Con su padre entre rejas, Darren conoció la verdad en palabras de su madre. El por qué su padre nunca le había querido y los había tratado así a ambos. Y es que aquél herrero borracho no era su verdadero padre. Conoció así la historia de su verdadero progenitor, un valeroso caballero andante llamado Doran Valgayar al que su madre había amado en secreto durante no más de un par de años... Si bien no supo decirle que había sido de él después de tanto tiempo, le entregó el colgante que este le diera a su vez al despedirse, como símbolo de amor eterno y para que nunca le olvidara. Un colgante. Una fina cadena del más hermoso mitral terminado en una extraña talla en forma de Flor Alada, coronada por una minúscula gema que cambiaba de color a voluntad.

Así, entregado a la nueva causa de encontrar a su verdadero padre, e incapaz de abandonar a su madre, Darren rechazó la oferta que lo trasladaría a Marvalar, quedándose en Robleda y avanzando puestos en el escalafón de la guardia. Si bien se decía entre las altas esferas que estaba cualificaco para comandar su propia compañía de cien hombres del ejército del este, y quien sabe si su propio batallón, Darren permaneció entre los muros de Robleda, destinado finalmente como capitán de la unidad encargada de proteger el enclave de "La Orden del Libro", una antigua hermandad de sabios y estudiosos que tenían su sede en la ciudad. Y fue en su seno donde conocería al amor de su vida. Myrta Rudiggi, hija del entonces clérigo supremo de Velex; Hextadomarius Rudiggi.

Tras diez años al servicio de la Orden, tanto él como Myrta fueron involucrados en una trama conspiratoria en el seno de la Iglesia de Velex liderada por el segundo en la cadena de mando, Kletus Mirathin. Planeando derrocarle, Kletus acusó a Hextadomarius de alta traición, y tanto él como sus más allegados fueron declarados culpables y condenados a muerte. Entre ellos, todos los miembros de la Orden del Libro, conocidamente apoyada por el clérigo supremo de Velex. En apenas unas horas, casi la mitad de la ciudad estaba en llamas, y los miembros de la Hermandad morían en horcas y hogueras promovidas por la plebe creyente. Darren corrió a su antigua casa en busca de su madre, pero su antiguo hogar había caído pasto de las llamas y el derrumbe, por lo que movido por la ira y el odio hacia los conspiradores, rompió el juramento que le ataba para con la guardia y se opuso a los corruptos en compañía de sus más fieles soldados. Así, mientras luchaba y ayudaba a los inocentes, Darren pudo ver morir a su amada atravesada por las saetas de los templarios de Velex comandados por Kletus. En un último acto de locura, trató de llegar hasta el traidor con el único deseo de matarlo... Pero su compañía cayó rápido ante los más numerosos templarios, y Darren fue detenido y encarcelado.

La Flor Alada
Perdido y sin ganas de vivir, Darren sería rescatado un par de meses después por un grupo de aventureros que decían saber cosas sobre él, su pasado, y el de su padre. Entre ellos, un superviviente de la que había sido su compañía en Robleda. Compartiendo además el fin de acabar con los planes de Kletus, partió junto a ellos en busca del Disco de Silas y los Orbes de Penumbra. Acusado de alta traición y condenado a muerte, pasaría a embarcarse en un cometido del que nunca había imaginado formar parte. Superando con creces el destino que se había resignado a mantener durante años. Retomando la vida que le había sido arrebatada tiempo atrás, cuando ni tan siquiera había nacido, y que le correspondía por derecho de sangre a la estirpe de los Valgayar. La de comandante de la Hermandad. Al frente de la Flor Alada.