23 de septiembre de 2011

Fuego y Sangre.


Después de un largo periodo de sequía en nuestra mesa de juego, causado a partes iguales por la falta de tiempo y motivación, la necesidad de encontrar algún nuevo sistema de juego que nos atrapara y una ambientación que nos apeteciera explorar, llegó a nuestras manos una de las primeras cajas de "Aventuras en la Marca del Este". En seguida quedamos encantados con su sencillez y versatilidad, así que no pasó mucho tiempo hasta que una nueva campaña comenzase a forjarse en torno a nuestra mesa...

"El Enclave"
Como narrador del grupo, estuve gran parte del verano pensando en como comenzar la campaña. Me apetecía arrancar con un módulo definido y lineal, que no necesitase apenas cambios en lo referente al trasfondo y me permitiese centrarme en lo importante en una primera partida: familiarizar a los jugadores con el sistema y la nueva ambientación. Me decidí finalmente por "El Enclave", inicio de la "Trilogía de La Orden del Libro" y primera aventura oficial del juego, que reunía perfectamente todas las condiciones que buscaba para empezar... Así pues, con unos pequeños cambios en la trama, y los dos únicos jugadores (de momento) interpretando a sendos hermanos guerreros pertenecientes a la guardia de la Orden del Libro (Agro y Egro), nos adentramos en las calles de Robleda...


Cuando la compañía llegó, ya era demasiado tarde. El enclave se consumía bajo las llamas. Los adeptos morían a sus puertas ensartados por los seguidores de Velex. Desde lo alto del cadalso de la plaza, Kletus, nuevo clérigo supremo, dirigía la matanza y animaba a las masas... En un acto desesperado, Darren y sus hombres entraron en el edificio en busca de supervivientes, pero todo estaba ya perdido. Solo Rufus, bibliotecario de la Orden, se mantenía con vida inconsciente bajo un montón de escombros. De Mirta, la amante del capitán, no había rastro, y los cadáveres se acumulaban en los pasillo dificultando más si cabe el paso. Un derrumbe del techo obligó a la compañía a separarse, aislando a los hermanos Agro y Egro, que cargaban con Rufus, del resto de sus compañeros... Y fue precisamente eso lo que les salvó la vida. Tras encontrar una salida apenas utilizada en el lateral del edificio, presenciaron entre la multitud como los seguidores de Velex acababan con todos y cada uno de sus hermanos. Darren Valgayar fue apuñalado una docena de veces. Todavía con vida, pudo presenciar como Kletus, degollaba sin piedad a su amada Mirta... La Orden había sido destruida.


Acusados de herejes y conspiradores, declarados fugitivos, los dos hermanos salieron de Robleda amparados por la seguridad de la noche. Al cabo de unas horas, con Rufus ya despierto, decidieron poner rumbo al norte, hacia el gran pantano, en busca de un antiguo monasterio dirigido por monjes en su día aliados de la Orden... No tenían otro sitio a donde ir. Sin hogar. Sin amigos. Sin trabajo ni dinero... Solo eso les quedaba. Eso, y la sed de venganza. 


Kletus, Clérigo de Velex
En general, fue una primera partida rápida y muy divertida, que nos supo a poco y nos dejó con ganas de más. Cumplió de sobra la función de punto de partida para todo lo que vendría después, presentó perfectamente la ambientación y nos dio un montón de momentos para probar las diferentes mecánicas del sistema. Reconozco que en un primer momento me habría gustado que más jugadores hubieran participado, pero viendo como trascurrió la partida, y la evolución posterior de la campaña y los personajes, creo que todo fue perfecto para empezar.

"De entre todos los soldados de Robleda, Darren Valgayar era probablemente el que mayor fama tenía. Apenas superaba la veintena, y hacía tiempo que lideraba una de las compañías más importantes de la ciudad; la décima, encargada de patrullar y controlar toda la zona circundante al enclave principal de la Orden del Libro. Y todo el mundo sabía que aquél no era su verdadero techo, pues le habían ofrecido numerosos ascensos, y no pocas veces se habían fijado en él los cuerpos de guardia personal del Duque o el Burgomaestre. Nunca llegó a plantearse ninguno de esos cambios. Todos lo habrían apartado de lo único que amaba. Aquellos ojos. Aquellos ojos oscuros e inmensos. Mirta Rudiggi. Adepta de la Orden del Libro e hija del clérigo supremo de Velex..."


PD: Hay cosas que nunca cambian. La química entre Guille y Raul sostiene cualquier partida. Con jugadores así da gusto sentarse a la mesa... Ü